Redacción BBC Mundo
La renuncia de un funcionario clave podría permitir a Cristina Fernández relanzar su gobierno.
La designación de Sergio Massa como jefe de Gabinete en el gobierno argentino, tras la renuncia de Alberto Fernández, es considerada una brisa de aire fresco en un gobierno herido por el conflicto agrario.
Massa, hasta ahora intendente (alcalde) de Tigre, un distrito ubicado al norte de la ciudad de Buenos Aires, es considerado un político de perfil moderado y un administrador eficaz.
En este sentido, el oficialismo cree que el nuevo jefe de Gabinete puede conformar a los argentinos que han criticado el modo en que el gobierno de Cristina Fernández ha manejado la crisis agraria.
Pero no sólo eso: Massa podría contribuir a unificar al peronismo (en el poder), cuyo frente ha exhibido resquebrajaduras durante en conflicto con el campo.
Basta recordar que numerosos legisladores votaron contra el polémico esquema de impuestos a las exportaciones de granos cuestionados por los productores rurales, mientras que varios gobernadores e intendentes oficialistas alzaron su voz contra la actitud gubernamental.
Oficialismo dividido
Hay quienes opinan que Massa es capaz de reconciliar a los seguidores del matrimonio que conforman Cristina Fernández y el ex presidente Néstor Kirchner (actual jefe del peronismo) con la tropa del ex mandatario Eduardo Duhalde, opuesto a los Kirchner.
El flamante jefe de Gabinete comenzó su meteórica carrera como funcionario en las filas de Duhalde (2002-2003), con su designación como titular de la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES). Antes había sido elegido diputado provincial y nacional.
Debido a su buena gestión en la ANSES, Kirchner (2003-2007) lo confirmó en su puesto.
Desde un primer momento el actual matrimonio presidencial tuvo grandes planes para Massa, pero aparentemente decidió esperar una mejor oportunidad para ofrecerle un cargo de relevancia, debido a su juventud.
En las elecciones generales de octubre de 2007, Massa se postuló a la intendencia de Tigre y le dio al oficialismo una importante victoria, que se sumó a otras logradas en la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito electoral del país.
Ahora Massa deberá asumir una función complicada, en la que Alberto Fernández sufrió una gran desgaste personal y político al encabezar las duras negociaciones con el sector agropecuario.
¿Estrategia agotada?
Hay coincidencia en que el recambio en la jefatura de Gabinete dará oxígeno un gobierno agobiado por la derrota parlamentaria sufrida la semana pasada, cuando el Senado rechazó los impuestos agrarios promovidos por el oficialismo y resistidos por el campo.
El "no" de los legisladores, decidido por el desempate del vicepresidente de la nación y titular de la Cámara alta, Julio Cobos, quien votó en contra de la gestión de la que forma parte, forzó al gobierno a dar marcha atrás con los tributos que eran el eje de su política de redistribución de la riqueza.
Fue precisamente Alberto Fernández el encargado de anunciar la derogación de la medida, lo que lo convirtió en el vocero de la derrota en momentos en que la presidenta argentina aparecía en público sin dar cuenta del revés sufrido en el Congreso.
Esa última imagen de Fernández, un defensor frontal y a ultranza de las políticas gubernamentales, tal vez haya puesto de manifiesto los límites y el agotamiento de la estrategia de confrontación que ha manejado el oficialismo y que ha tenido como principal fogonero a Néstor Kirchner, hoy recluido en el silencio.
La incorporación de Massa en un cargo clave marca un probable giro en este sentido, ya que, a pesar de ser tenaz a la hora de tomar decisiones, este joven funcionario siempre se ha mostrado abierto a otras opiniones.
"Lo que yo tengo que hacer es colaborar con los ministros, gobernadores y sectores económicos y sociales en articular un diálogo que le sirva a Argentina", dijo el nuevo jefe de Gabinete tras su nombramiento.
Los analistas creen que se trata de un punto medio necesario para una gestión que busca un nuevo comienzo y, sobre todo, recuperar la gobernabilidad, aunque otros temen que se trate únicamente de un cambio cosmético.
De todos modos, el margen de maniobra parece estrecho, porque el conflicto agrario no sólo le ha costado el puesto a Alberto Fernández, sino también al secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, y anteriormente al ministro de Economía Martín Lousteau, mentor del cuestionado sistema impositivo.
BBC
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