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Juez Baltasar Garzón: "La Iglesia Católica apoyó el golpe en Argentina"

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Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional Española, y el periodista español Vicente Romero, durante la entrevista exclusiva que le ofrecieron a Terra Magazine.

Diego Igal y Alejandro Lingenti
Buenos Aires, Argentina

Gracias a la intervención decisiva que tuvo en casos de resonancia internacional -la detención del dictador chileno Augusto Pinochet, los casos de la organización terrorista vasca ETA y de la salvaje represión durante la última dictadura militar argentina-, Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional Española, es una auténtica celebridad. De paso por Buenos Aires para presentar su libro El alma de los verdugos, una serie de testimonios de víctimas de la dictadura argentina que obtuvo con la colaboración del experimentado periodista español Vicente Romero (habitual corresponsal de TVE), concedió una entrevista de rigurosa media hora a Terra Magazine.

» Vea la entrevista con el Juez Baltasar Garzón en Terra TV

El libro, un grueso volumen de más de 600 páginas, viene acompañado por un DVD que contiene un documental que es el que en realidad le dio origen. No es la primera experiencia editorial de este juez nacido hace 52 años en Torres (Jaén), España: también publicó otros cuatro libros en los que abordó temas como la protección de los derechos humanos, la lucha que entabló desde la justicia contra el terrorismo y el consumo de drogas entre los jóvenes. Gran impulsor de la Corte Penal Internacional que funciona en La Haya, Holanda, desde 1998, fue también funcionario del gobierno del socialista Felipe González.

Esta es la reproducción de la charla que Garzón y Romero mantuvieron con Terra Magazine.

Terra Magazine: La represión en Argentina durante la última dictadura tuvo características muy particulares: secuestro y desaparición forzada de miles de personas, robo sistemático de bebés... ¿Por qué creen que el proceso argentino asumió esas características?
Vicente Romero: Bueno, yo creo que esencialmente todo formó parte de un mismo plan de represión que, además, cristaliza después en la denominada Operación Cóndor, con la coordinación de las represiones en todo el Cono Sur. Lo que pasa es que en cada país se produjo el golpe militar de una manera diferente, en unas condiciones sociales y políticas distintas. Eso incluso nos llevó a creer, cuando estábamos seguros de que el golpe se iba a producir, entre la asonada del brigadier Capellini en Aeroparque, en la Navidad anterior, y el golpe del 24 de marzo, que después de la mala imagen internacional que tenía el régimen de Pinochet en Chile, aquí las cosas iban a ser menos cruentas. Se esperaba un golpe mucho más "blando" y menor represión de la que hubo. Efectivamente, fueron más elegantes ante el golpe, no tuvieron que bombardear la Casa Rosada como bombardearon el Palacio de la Moneda porque tampoco había una capacidad de resistencia. Pero aquí se experimentó una teoría norteamericana que decía que haciendo desaparecer a un alto porcentaje de la población, eliminándolo, se podía detener un proceso social, un proceso político de toda una nación durante más de una generación. Y se llegó al poder con la decisión de eliminar a cuantas personas hiciera falta. En ese sentido, la represión fue distinta a la de Uruguay o la de Chile, pero en el fondo todo respondía a la misma razón, al mismo plan. Y hubo una coordinación entre todas las fuerzas represivas de la región.

Terra Magazine: Hay también quien dice que la Iglesia, el Vaticano mismo, pidió la desaparición como una forma de ocultar el problema.
Baltasar Garzón: Enlazando con la pregunta anterior, creo que unas cosas llevaron a otras. No tengo elementos para afirmar categóricamente, por ejemplo, que el robo de bebés y la desaparición de señas de identidad de 500 niños sustraídos durante el régimen militar estuviesen preestablecidos o planeados, pero sí que fue la consecuencia de la degradación que se produjo. Es decir, cuando haces desaparecer a miles de personas, tienes que hacer desaparecer también todas las consecuencias y todo lo que las rodea. Podían haber sido más perversos, si es que cabe interpretar que matar a la madre y al feto es aún más perverso que matar a la madre y sustraer de su familia el fruto de su embarazo... En cualquier caso, yo creo que eso fue una situación sobrevenida. ¿Por qué en Argentina y de esa forma? Porque, como decía Vicente, era el caldo de cultivo que había en esos años y obedecía todo a una misma doctrina de confrontación y rechazo a una ideología a la que se veía como la gran perturbadora de esa paz neoliberal que existía; y ahí enlazo con el papel de la Iglesia Católica, que obviamente estaba, en el caso argentino particularmente, en sintonía con el estamento militar: la lucha contra el comunismo y la eliminación de las malas hierbas que estaban, según ellos, perturbando la pureza cristiana de Argentina. Y en ese interés, obviamente la Iglesia de la época estaba muy de acuerdo. Eso es lo que lleva a pensar que la actitud de la Iglesia Católica en la Argentina fue bastante diferente a la de otros procesos en otros países de América Latina; estoy pensando en El Salvador, estoy pensando en el propio Chile, ocasiones y lugares en los que la Iglesia fue de las entidades reprimidas y una de las que luchó contra la imposición de los militares. Aquí fue a la inversa, y además fue clave la contundencia, la inmediatez y el corto espacio de tiempo en el que se produjeron los hechos.
Vicente Romero: La Iglesia en Chile tuvo dos caras, como las tuvo aquí, quizás.
Baltazar Garzón: Sí, pero no fue tan acentuado como en Argentina. Hubo excepciones, pero la norma general, sobre todo en la Iglesia Católica castrense, fue la de el apoyo indeleble y permanente al golpe y a la represión.

Terra Magazine: Ya que estamos hablando de corporaciones, ¿qué responsabilidad creen que tuvo la clase política argentina en la época de la dictadura?
Baltasar Garzón: Yo pensaría en la responsabilidad que tuvieron todos aquellos que consintieron la situación, que se mostraron indiferentes ante lo que era un secreto a voces, porque las afirmaciones del tipo "nosotros no sabíamos cuándo las patotas se montaban y cuándo se hacían los operativos y se armaba lo que se armaba para llevarse a las personas", con disparos y masacres en las calles, son difíciles de entender. Es verdad que el miedo es grande y el terror que se produce por esas situaciones también, pero yo creo que la sociedad en general, una gran parte de la sociedad argentina, la que podía hacer algo, fue silente en forma consciente, y eso ya se había producido en otros momentos históricos y en otros países. Estoy pensando en la Alemania nazi, por ejemplo. La indiferencia en este tipo de procesos se repite casi siempre.
Vicente Romero: Hay una frase al final de la novela de Osvaldo Soriano No habrá más penas ni olvido, y en la película sobre la novela que hizo Héctor Olivera, también, que recuerdo especialmente: "bueno, ahora vendrán los militares y pondrán orden", dice uno de los personajes. Yo recuerdo también que en los días previos al golpe, los diputados radicales estaban más preocupados por llevarse el busto de Hipólito Irigoyen que por parar ese golpe. Tuve una larga entrevista con Ricardo Balbín, un líder del radicalismo, y le pregunté por la represión. Todos los días, el diario La Opinión, en la última página, publicaba un recuadro con el número de muertos por la represión. Entonces le pregunté por aquéllo, y Ricardo Balbín me dijo: "tengo cosas más importantes que hacer que dedicarme a contar los muertos". No sé cuáles serían esas cosas, pero sé cómo acabó aquella historia.

Terra Magazine: Cuando finalizaba la dictadura, el general Cristino Nicolaides se encargó de destruir toda la documentación sobre personas detenidas por militares durante la dictadura. ¿Creen que este proceso fue definitivo, que no hay ninguna documentación disponible que pueda ayudar a reconstruir algunos hechos?
Baltasar Garzón: Cuesta trabajo pensar que el estamento militar no deje rastro de aquello que hizo. Históricamente han dejado siempre minuciosamente documentado lo que sucedió. Yo hice esa investigación, se trató de seguir la pista de esos documentos, pero no se consiguió nada. La lógica indica que podrían existir, pero también el tiempo transcurrido avala la solución contraria, claro. Es cierto que documentos existentes en otros archivos de otros países se han ido desclasificando con el paso del tiempo, como en Estados Unidos. Imagino que puede haber documentos de ese tipo que nos pueden alumbrar algo más, entonces.
Vicente Romero: Los militares, no sólo aquí, sino en todo el mundo, han tenido siempre una obsesión contable. Yo me acuerdo que en el servicio militar en España, cuando teníamos que hacer guardia por la noche había que contar las camas, las literas, y decir en el estadillo qué número de literas había, como si alguien se fuese a llevar una litera durante la noche... Yo tengo la convicción personal de que ese papeleo existe, porque de hecho aparecieron algunos papeles. Por ejemplo, el hoy fallecido capitán retirado José Luis D'Andrea Mohr localizó documentación.
Baltasar Garzón: En todo caso, sería muy importante encontrar esos documentos para determinar que había un plan preestablecido de acción. Vicente Romero: No sé qué pasaría si se ofreciese una buena recompensa económica y unas garantías de discreción absoluta para no correr los riesgos que últimamente parece evidente que existen sobre todo el que esté dispuesto a hablar y revelar algo. Quizás así aparecería alguna documentación. Pero me resisto a creer que los militares hayan hecho bien el trabajo de la destrucción, un trabajo tan amplio, tan masivo, con papeles repartidos entre tantos cuarteles, entre tantas comisarías, entre tantos sitios, viendo lo mal que han hecho todas las otras cosas.
Baltasar Garzón: Lo que pasa es que sigue existiendo ese pacto de silencio, esa "omertá" mafiosa -y cuando digo mafiosa, lo digo en el estricto sentido de crimen organizado-, para que no haya forma de penetrar, sino a través de los testimonios de las víctimas y con las limitaciones de identificación por voces, por ojos, por otros indicios indirectos, a los que fueron los torturadores. Ese pacto de silencio es, hasta el día de hoy, absoluto. Muy pocos, prácticamente ninguno, han reconocido siquiera su participación en los hechos, lo cual demuestra algo que también está plasmado en el libro: la cobardía de esta gente. Toda la "valentía" que emplearon al masacrar no la tienen después para reconocer los hechos hasta el final.

Terra Magazine: Rosa Montero, en una contratapa reciente del diario español El País, decía que la tortura y la humillación existen desde los principios de la humanidad.
Baltasar Garzón: La tortura es una constante, ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad. Durante muchos años la tortura y el tormento han sido técnicas legales de investigación y de extracción de la verdad. Hasta la Convención contra la Tortura de 1984, al menos. No quiere decir que en el siglo XX haya estado permitida la tortura, pero la aparición de esta Convención marca que por primera vez la comunidad internacional se pone de acuerdo en que hay que ponerle un coto a esas prácticas. Por lo tanto, no dejo de lado que vuelva a haber, o que haya intentos de redefinición de la tortura, vía Donald Rumsfeld o vía el Congreso de los Estados Unidos, para decidir las nuevas técnicas de presión. El intento permanente de suplir la incapacidad científica del ser humano para abordar determinadas situaciones es siempre el mismo. La violencia, la desaparición, masacrar al contrario, torturarlo para extraer una información son cosas recurrentes, por lo tanto hay que establecer controles, los mismos que vienen diseñándose en los últimos tiempos. Un control fundamental es la justicia penal internacional, otro es el principio de justicia penal universal, otro es que la justicia, el Poder Judicial, tome el papel que le corresponde de forma valiente y diga "esto es así porque tenemos todas las normas".
Vicente Romero: Estamos llegando a una desfachatez enorme. Estos intelectuales humanistas cargados de autoridad moral como Rumsfeld, que justifican la tortura... Yo he estado hace pocos meses visitando la cárcel de Guantánamo, y el almirante responsable de esa prisión reconocía abiertamente que el 80% de los presos de Guantánamo no han sido detenidos por las fuerzas armadas norteamericanas, sino comprados a 5.000 dólares por cabeza. Es una desfachatez reconocerlo. Pero es que te enseñaban las celdas y te explicaban que los prisioneros tienen la luz encendida 24 horas al día, que tienen unos cristales que hacen que tú puedas verlos pero no ellos a tí porque son espejos; los presos no tienen ninguna referencia exterior, comen dentro de la celda, tienen una hora de tiempo al día para salir a ducharse y tener el llamado "recreo" en unos gallineros de poquísimos metros cuadrados. Quiere decir que todo lo que está prohibido por las convenciones internacionales, ellos lo están aplicando. Y te lo enseñan con una desfachatez enorme, poniendo el acento en "fíjense ustedes qué moderno es el edificio". Edificio que además está construido por una filial de la Halliburton en la que tiene intereses económicos Dick Cheney. Es decir, el propio vicepresidente de los Estados Unidos se ha beneficiado de la construcción de las prisiones. Es todo de una desfachatez que antes no existía.

Terra Magazine: ¿Cómo está funcionando el Tribunal Penal Internacional que juzga delitos de lesa humanidad?
Baltasar Garzón: Es un tribunal que responde al estatuto de Roma de 1998. En la conferencia de plenipotenciarios de Roma se aprobó el estatuto de esa Corte Penal Internacional. A partir del 1 de julio de 2002, entró en vigor porque se superaron las 60 ratificaciones, y es a partir de ese momento que juzga los crímenes que se cometieron y cometen, no los anteriores. Se aplica a los países que han ratificado solamente, pero ya son 106 los que lo han hecho. Japón ha sido el último, lo cual es un avance importante, porque es un país que nunca antes había sido parte de una iniciativa de esta envergadura. Es verdad que países como Estados Unidos, Rusia o Israel no están dentro de la Corte, pero espero que algún día lo estén. De todos modos, las competencias de la Corte alcanzan a aquellos delitos que se cometen en el territorio de cada uno de estos países o de los que autorice el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se trata de delitos de genocidio, de delitos de lesa humanidad, es decir, crímenes de apartheid, esclavitud, desaparición forzada de personas; y delitos de agresión, que todavía no están bien definidos. Cuando se dan casos así, si el país donde suceden los hechos no toma iniciativas para perseguirlos, pueden ser perseguidos por la Corte Penal Internacional. Y si la Corte Penal Internacional no los persigue y el país tampoco lo hace, está el principio de justicia penal internacional, que autoriza a intervenir.

Terra Magazine: ¿Por qué decidieron plasmar los testimonios que han recogido en un libro?
Baltasar Garzón: Bueno, mi contribución al libro no ha sido tanto plasmar los testimonios que había recogido, sino precisamente aquéllos que no había recogido porque forman parte de una causa y por tanto no podían incorporarse al libro. En el caso de Vicente, sí se incorporaron los testimonios que él ya había conseguido. La idea fue transmitir, a través de la voz de las víctimas y de los que pueden opinar o decir algo -desde el ámbito de la justicia, desde el ámbito de la medicina, desde el ámbito de la sociología- sobre ese alma de los verdugos del que habla el título. Es una figura alegórica de los que han torturado, secuestrado o desaparecido a otros. Quisimos transmitir esos testimonios a aquellos que puedan recibirlos para que -aunque suene utópico- nunca más vuelvan a suceder estos hechos. En mi caso, es un homenaje a ese conjunto de personas, ese conjunto de mujeres, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Gracias a ellas, y con su voz persistente y constante reclamando justicia, se ha logrado que estos hechos no se olviden, que la comunidad internacional reaccione y que finalmente en la Argentina también se haya reaccionado.
Vicente Romero: Es evidente que el tema de la represión, de los crímenes de la represión, no está cerrado. Y mientras quede sin esclarecer la suerte de uno solo de los desaparecidos y quede uno solo de los culpables en libertad, yo creo que no podrá dormir tranquila la Argentina y no podremos dormir tranquilos ninguno de los seres humanos que nos obstinamos en creer en los valores fundamentales del hombre. Entonces, era obligatorio para nosotros hacer este documental y este libro y todos los demás que tengan que seguir haciéndose hasta que se vaya consiguiendo verdad y justicia.

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