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Reproducción
Oktoberfest: recomendada para los que están mal de la cabeza y le duelen los pies.
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Marcelo Carneiro da Cunha
San Pablo, Brasil
Nos esperan días de locura. A mí, no. A ustedes, los que pretenden enfrentar al monstruo. Yo voy a hacer lo correcto, lo que hacen los fuertes y valientes, ante tanta diversión continua: huir.
Y bien lejos. A la hora de elegir entre Rio de Janeiro, Olinda, Salvador, Cuiabá, Dios mío, dónde pasar esa cosa llamada Carnaval (carne y aval para el placer desenfrenado), me voy para donde la fiesta no llegue a comenzar. Berlín, Alemania, tierra donde el evento más divertido se llama Oktoberfest y es apto para cardíacos.
Un amigo mío me garantiza que el carnaval de ellos se enciende en Colonia, donde los hombres salen a la calle con corbata y las mujeres con tijera. En un ritual satánico, las mujeres cortan simbólicamente alguna cosa que en realidad son las corbatas. El escogido pierde una corbata y gana una noche de sexo salvaje.
Conociendo Alemania y a las alemanas, lo dudo. Muy probablemente mi amigo cayó en una Oktoberfest y sufrió una sobredosis de chucrut.
Me voy a Berlín porque no tengo fuerzas para enfrentar la Globeleza(1) de este año bailando desnuda en mi televisor, ahora en HD. Porque no aguanto los desfiles de escola do samba, que son exactamente iguales al del año pasado y antepasado y quieren aparentar innovación. Prefiero el Especial Roberto Carlos, porque al menos sé que él es el del año pasado y el del anterior y no finge ser otra cosa.
Tengo la mala suerte de haber nacido gaúcho(2) en la tierra de la diversión. El gaúcho no es un tipo genéticamente dotado para bailar samba y por eso el carnaval nos produce una enorme sensación de ser inadaptados, de estar mal de la cabeza, de tener dolor de pies. Un desastre.
Intenté gustar del carnaval, fui en la búsqueda de mi brasilerismo. Me enfrenté a miles de bahianos bailando en el Farol da Barra y sufrí ya que no entendí nada de la timbalada(3) de ellos. Me fui a Olinda y me quedé bebiendo en un bar mientras unos muñecos horribles llamados Hombre del Medio Día y Mujer de la Media Noche, o algo así, paseaban por las calles. En Rio de Janeiro marché detrás de las comparsas, sin tener el ritmo mínimo necesario para caminar siquiera decentemente.
Para los brasileños que carecemos de habilidades carnavalescas la vida es dura. Somos los musulmanes de Europa, diferentes en la cultura y sospechosos número uno de todos los delitos; el peor de los cuales es no saber cómo divertirnos correctamente.
No ser carnavalesco en Brasil equivale a ser un ateo en los Estados Unidos, un vegetariano en un Outback(4), un asceta en Daslu(5), un evangélico en el mundo real. Simplemente seres sin sentido o espacio social.
No quieran imaginar lo que es sentir náuseas al escuchar "¡Escuchen llegar a Mangueira, ya llega!" con ese tono de animador de samba carioca, y por cierto, el animador del Brasil que todos quieren, que simplemente no es el de donde yo nací y crecí. Es duro querer formar parte del asunto y no tener habilidad para ello. Por eso, mejor la fuga. Auf wiedersehn. Me fui.
(1) globeleza: reina del carnaval elegida en GloboTV.
(2) gaúcho: nacido en el sur de Brasil.
(3) timbalada: generalización por Timbalada, banda originaria de Salvador, Bahía, una de las principales atracciones del carnaval bahiense, famosa por su ritmo y su música axé.
(4) Outback: cadena de restaurantes donde la especialidad es la carne.
(5) Daslu: renombrada tienda de artículos de lujo de Brasil.
Terra Magazine
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