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The New York Times
Thomas L. Friedman.
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Thomas L. Friedman
De The New York Times
¿Será que necesitamos mirar más atentamente a los franceses y europeos en general en lo que se refiere a sus ganas de ejercitar su poder en el mundo de hoy? ¿Será que fue justo llamar a los franceses y europeos "micos cobardes y comedores de queso"? ¿Llegó la hora de volver a llamar nuestras papas fritas de "francesas" en el comedor del congreso en vez de "fritas de la libertad"?
¿Por qué hago esas preguntas tan profundas?
Porque estamos nuevamente involucrados en uno de aquellos debates sobre nuestras tropas: ¿Será que debemos mandar más tropas a Afganistán y estaríamos listos para hacer lo que debe hacerse para que "ganemos" allá?
Esa discusión será formulada de varias formas, pero apueste todas las fichas en la mención de esas palabras: "coraje", "bravura", "soberanía", "ganas para hacer lo necesario para grandes realizaciones¿ -todas las calidades que vemos en nosotros mismos, pero no en los europeos.
¿Pero somos así de fuertes? Si la respuesta está vinculada a nuestras ganas de enviar tropas a Afganistán y usar la fuerza nuevamente en Irán, entonces ella es definitivamente "sí". Y les debemos eterna gratitud a los ciudadanos estadounidenses que están dispuestos a luchar esas batallas. Por otro lado, en lo que se refiere a las actitudes para debilitar a aquellos contra los cuales estamos enviando a nuestros hijos para que luchen, no pasamos de un bando de imprestables. En realidad, somos los más imprestables del mundo. Tan imprestables que nuestros políticos ni siquiera tienen coraje de hablar del asunto.
¿Cómo es eso? Francia hoy genera casi el 80% de su electricidad de usinas nucleares, y consiguió administrar todos los asuntos de la basura tóxica radioactiva sin generar problemas o pánico. ¿Y nosotros? Utilizamos cerca del 20% y no pudimos o no quisimos construir una nueva usina nuclear desde el accidente en Three Mile Island en 1979, incluso habiendo el incidente ocasionado muertes y daños a la salud de trabajadores y vecinos. Tenemos mucho miedo de almacenar nuestra basura nuclear en la Montaña Yucca, en Nevada, aún siendo absolutamente seguro. Mientas tanto, los alcaldes franceses se enorgullecen de tener reactores en sus ciudades para generar empleos. En suma, los franceses continuaron en el camino para generar energía nuclear limpia, a pesar de los incidentes de Three Mile Island y Chernobyl, mientras nosotros nos despertábamos.
¿Y Dinamarca? La pequeña, dulce e indefensa Dinamarca sufrió mucho con el embargo del petróleo árabe en 1973. En 1973, Dinamarca recibía todo su petróleo del Oriente Medio. ¿Y hoy? Nada. ¿Por qué? Porque Dinamarca se puso fuerte. Impuso el propio impuesto para las emisiones de carbono, casi cinco dólares por galón de gasolina, hizo grandes inversiones en eficiencia de energía y sistemas para generar energía a partir de la basura, además del descubrimiento del petróleo en el Mar del Norte (casi el 40% de su demanda).
¿Y nosotros? A la hora de aumentar los impuestos de la gasolina o de la emisión de carbono -y no hay momento mejor que este, ya que los precios están bajos- nuestros políticos sólo dicen que la cuestión está "fuera de discusión".
Entonces yo repito, ¿quién es el valiente en esta historia?
La primera regla de la guerra es: "Sea estratégico." "Incluso el talibán más desavisado sabe eso", dijo David Rothkopf, consultor de energía y autor de "Superclass". "El punto más estratégico del mundo -sea él en el Oriente Medio o en países complicados como Rusia o Venezuela- es la independencia del petróleo. Y, aún así, nos negamos a aplicarla."
De acuerdo con el economista especializado en energía Phil Verleger, una tasa de un dólar para combustible a la base de la gasolina y diésel, ya recaudaría 140 mil millones de dólares por año. Si yo tuviera todo ese dinero, reservaría 45 centavos de cada dólar para compensar por el déficit y satisfacer a los melindrosos en contraer deudas, otros 45 centavos para implantar un nuevo sistema de salud y 10 centavos para ofrecer alguna compensación a más pobres y a aquellos que necesitan conducir por largas distancias.
Un impuesto de esa naturaleza dejaría nuestra economía más saludable, reduciendo el déficit, estimulando la industria de energía renovable, fortaleciendo el dólar por la menor importación de petróleo y colaborando en el costo del sistema de salud para que nuestras empresas de esa área puedan concurrir con más ventajas en el exterior. Ese impuesto colaboraría para una población más saludable, aumentando el alcance de la atención de salud y reduciendo las emisiones de gases. Él mejoraría también la salud de nuestra seguridad nacional, disminuyendo nuestra dependencia de los países exportadores de petróleo que nos presionan, aumentando nuestra ventaja contra los dictadores del petróleo, como los iraníes, rusos y venezolanos, disminuyendo su lucro.
En suma, seríamos física, económica y estratégicamente más saludables. Aún así, no se sabe cómo, Washington considera el impuesto "fuera de discusión". No se puede ni siquiera mencionarlo. ¿Pero y nuestros hijos que arriesgan sus vidas en Afganistán? Ahí no importa. Pueden decir lo que quieran.
No sé exactamente el número cabal de tropas necesarias en Afganistán, necesito más datos. Pero una cosa yo sé: Hay algo muy equivocado cuando un país tiene más buena voluntad para desperdiciar vidas y dinero en Afganistán, cuando las oportunidades de victoria son mínimas, que discutir la aplicación de un impuesto que es el 100% garantía de victoria para todos.
Entonces pregunto una vez más: ¿Quiénes son los micos cobardes ahora?
Terra Magazine