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La necesidad hace al órgano y, al no haber necesidad de usarla, la memoria humana puede que se esté desvaneciendo.
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Hace años conocí al doctor Andrei Tchernitchin (hay nombres que no se olvidan, aunque cueste recordar cómo se escriben). Fue en uno de esos brotes extremos de contaminación atmosférica en Santiago, que en los últimos tiempos "eso pensábamos" habían logrado pasar a la historia.
Hace poco menos de una década me explicó que el nivel de contaminantes en el aire nos embotada el cerebro y torpedeaba nuestras neuronas, generando que las capacidades intelectuales de los habitantes de la tóxica urbe se redujeran de manera evidente en los episodios críticos a consecuencia de la menor oxigenación de los vasos sanguíneos y de forma permanente debido a los altos niveles de plomo a los que estamos expuestos.
Eso me lo dijo entonces y con el paso del tiempo, fuimos teniendo la sensación de que la ciudad se había vuelto más respirable. Pero el problema de la matriz energética poco diversificada, la apuesta por el gas argentino, el uso de diesel para mover las industrias al fallar el suministro gasífero de los che, la sequía, nuestras condiciones geográficas, el crecimiento del parque automotor, la desmesurada alza del petróleo, el uso de la soya y de otros alimentos como combustible, el natural apetito de los chinos y los indios..., en fin, una suma de factores abrumadora, terminó por volver de nuevo nuestro aire críticamente irrespirable. Esperemos que el veranito de San Juan durante el cual cultivamos la ilusión de que estábamos a salvo, haya sido tal, porque han pasado poco menos de dos lustros y el presidente de la comisión de Medio Ambiente de la Sociedad Nacional de Pediatría insiste en sus dichos. Conclusión: estamos diez años más tontos, con las funciones cerebrales, la memoria y la capacidad de atención disminuidas.
Sumémosle a esto Google y el efecto poco investigado que pueden estar provocando en nuestro cerebro dispositivos de las que cada día nos volvemos más dependientes. Los llamados PDA -Personal Digital Assistant-, entre los cuales los teléfonos móviles llevan la delantera, han generado que la memoria caiga en desuso. Que descansemos en un teclado para recordar teléfonos, direcciones y fechas significativas. Un estudio revela que un cuarto de los británicos no se sabe el número de teléfono de su propia casa, que la mitad usa una sola contraseña para acceder a todos lados (recordar más que eso parece una tarea titánica) y que las personas de entre 50 y 70 años tienen mejor memoria que las de entre 30 y 40. ¿La causa? Los viejos entrenaron la memoria cuando jóvenes, a diferencia de las nuevas generaciones que le entregan su capacidad de recordar al celular, al PC, al Ipod.
Se sabe que la necesidad hace al órgano y, al no haber necesidad de usarla, la memoria humana puede que se esté desvaneciendo, y, ojo, que lo mismo puede estar pasando con nuestras estrategias de búsqueda de información, de relacionar contenidos, de reflexionar y crear.
En su edición de julio, la revista Atlantic Monthly publicó un apasionante artículo del escritor de temas de tecnología Nicholas Carr, donde se planteaba la revolución cognitiva que representa el motor de búsqueda inventado por Larry Page y Sergey Brin. "¿Está Google volviéndonos más estúpidos?", era el título y la pregunta central del texto que citaba una investigación del University College London, en la que se analizaron cinco años de registros de búsquedas en internet. Algunas conclusiones: leemos más que en los 80, pero de una manera diferente. Menos profunda, menos reflexiva, menos interpretativa. Y somos cómo leemos, más que lo que leemos.
"Enfrentémoslo, el usuario medio de un computador tiene el cerebro de un mono", es una frase del jubilado Bill Gates, eminencia gris detrás de estos desarrollos que al parecer nos están volviendo más tontos, con menos capacidades intelectuales o al menos con distintas facultades que hemos estudiado poco.
Respecto del aire, no hay duda: la mierda que respiramos no puede ser inocua. Tal como ahoga a los niños y a los ancianos, envenenando sus pulmones, está minando las neuronas de todos los que habitamos y contaminamos las urbes (porque, ojo, el problema ha dejado de ser metropolitano). ¿Y Google y los PDA estarán poniéndonos más lesos? Ojalá que no, quizás menos memoriosos, quizás más superficiales, quizás menos creativos, lo que dadas nuestras disminuidas capacidades cerebrales a causa del esmog, quizás no sea tan malo. Capaz que sea una derivada posmoderna de la selección natural. Quizás sea el tiempo en que sobrevivirán los más tontos. Hay tanta prueba a mano.
Terra Magazine
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