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Reproducción
Touch of Evil película que marcó el regreso de Orson Welles a Hollywood después de diez años de ausencia.
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André Setaro
desde Salvador, Brasil
¿Es posible que Sed de mal (Touch of Evil) ya haya cumplido medio siglo de existencia? Sí, este año cumple cincuenta años, pues fue realizada en 1958. Se trata de una obra imprescindible para quien quiera comprender y entender el cine contemporáneo (y hay copias en DVD en las mejores tiendas de alquiler de películas).
Orson Welles (en una interpretación insuperable, obeso, desfigurado, para dar la impresión de personificación de la maldad) es Hank Quinlan, policía de una ciudad de la frontera entre México y los Estados Unidos, que tiene la costumbre de fabricar las pruebas con las cuales acusa a los supuestos delincuentes perseguidos. Un colega mexicano, Vargas (Charlton Heston, que muestra no ser tan sólo actor de películas épicas hollywoodenses, sino un actor de amplios recursos), quien acaba de casarse con una joven norteamericana, Suzie (Janet Leigh), descubre los chanchullos de Quinlan y amenaza con desenmascararlo. Con la ayuda de Grandi (Akim Tamiroff), un traficante local que suministra información a la policía, Quinlan hace secuestrar y drogar a Suzie, matando inmediatamente después a su cómplice en la habitación del hotel donde ella se encuentra secuestrada. Una sucesión de hechos proporciona a un fiel subordinado de Quinlan, Menzies (Joseph Calleia) la certeza acerca de los actos ilícitos de Quinlan y termina ayudando a Vargas a desenmascararlo totalmente.
Touch of Evil (un toque de malicia, si se lo traduce ipsis litteris) marca el regreso de Orson Welles a Hollywood después de una ausencia de diez años. Los constantes excesos en los presupuestos, su comportamiento mucho más allá de los parámetros convencionales, y las amenazas de interferencia de los estudios en sus trabajos lo hicieron apartarse de la meca del cine. Sin embargo, en la década de exclusión (1948-1958) realiza algunas películas en Europa, por ejemplo Othello -personalísima versión del célebre texto de William Shakespeare, que le lleva dos años realizar (de 1949 a 1951)- y Mr. Arkadin o Confidential Report (1955).
El montaje de la versión final de Touch of Evil se realizó en rebeldía con su autor. Hace algunos años se encontraron las anotaciones de Welles sobre cómo realizar el montaje de la película, y se realizó un nuevo montaje tal cual la concepción del realizador de Citizen Kane.
A pesar de su base literaria como punto de partida del guión, una sub literatura de Whit Masterson, Sed de Mal es una de sus obras más interesantes y reveladoras (de paso, Hitchcock siempre dice que nunca le gustó hacer adaptaciones de grandes libros, prefiriendo la sub literatura que se encuentra en los kioscos de diarios, las llamadas pulp fictions, pero su extracción es siempre un procedimiento cinematográfico ejemplar y revelador de una letra que establece una mise-en-scène de cine puro, de pura estesia). Algunos historiadores, incluso, pretenden considerarla como más importante aún que Citizen Kane (lo cual nos parece un absurdo aunque Touch of Evil sea una película excepcional, y grandiosa e impactante, y genial).
La figura de Quinlan representa a la perfección la posición wellesiana ante la sociedad en que vive. No es que el autor se identifique con el personaje. Es que, a través de su monstruosa personalidad, somete con ella a la crítica al mundo que lo rodea y en el cual ciertos valores dejan de tener vigencia. Alrededor de la figura de Quinlan evolucionan una serie de personajes que, en realidad, no son más que elementos de una antítesis mediante la cual Welles pretende llegar a una visión dialéctica. Y quien hace el resumen de esta visión es la gitana interpretada por Marlene Dietrich al final de la película en una especia de epitafio cínico y emotivo.
El fabuloso plano secuencia inicial, largo y complicado, quedó definitivamente en los anales de la historia del cine mundial. Y marca la tónica estilística de Sed de Mal, una de las más barrocas de su autor (la influencia del expresionismo alemán, con el contraste de las sombras y las luces, es impresionante). Welles utiliza los inquietantes elementos de una historia atravesada y la particular extrañeza de los escenarios para componer una obra en la cual todo está deformado por una óptica con frecuencia aberrante.
Con la oportunidad de comparar ambas versiones de Sed de Mal (la montada en rebeldía y la montada según las anotaciones del director), se ve que el plano secuencia del inicio, en la versión oficial, está desfigurado con la colocación de las placas de presentación, para empañar la visión de las personas, el movimiento y los objetos dentro del encuadre. Welles, como es su costumbre, en su concepción original elabora el plano secuencia absolutamente despojado de cualquier material cuya procedencia no sea el de la imagen.
La apariencia exterior es de un simple drama policial, que en el momento de su lanzamiento hizo que muchos críticos hayan considerado a Touch of Evil como una obra menor dentro de la filmografía de Orson Welles (después sería reevaluada y considerada incluso mejor que Citizen Kane). Nada más equivocado, pues Touch of Evil es un película que expone con gran fuerza en pensamiento y el estilo de su director.
La secuencia de Janet Leigh en el motel parece haber inspirado a Alfred Hitchcock a invitar a la actriz a integrar el elenco de Psicosis (Psycho). No queda duda de que todo indica que la atmósfera reinante en el motel wellesiano de Touch of Evil tiene mucho que ver con el motel hitchcockiano, con Norman Bates à la carte, de Psycho e, inclusive, la distancia entre ambas películas es breve: dos años. El viejo Hitch también tenía que sufrir la angustia de la influencia de Harold Bloom.
Muchos críticos e historiadores, como por ejemplo Peter Bogdanovich, creen que Touch of Evil muestra la llegada de Welles a ese momento de su vida con el mismo cansancio que Quinlan experimenta en relación con Kane, cansancio que emerge de los años transcurridos, de la reflexión, la angustia y la desesperanza.
Terra Magazine