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Semáforo verde para la industria textil global

María Alice Rocha/Terra Magazine
Farolitos chinos - La política de visados de china puede enfriar los negocios de la moda durante los Juegos Olímpicos, dice la columnista Maria Alice Rocha.

Maria Alice Rocha
Recife, Brasil

El tema de esta semana en la prensa europea relacionada con la industria de la moda, sea ésta textil, indumentaria o calzado, es bastante preocupante: China cambió su política de emisión de visados a causa de los Juegos Olímpicos que se inician el próximo 8 de agosto en Pekín.

A primera vista, parece difícil comprender cómo un visado de entrada puede interferir en un negocio que mueve millones. Pero viéndolo con más detenimiento, es posible observar que detrás del hecho de que China se ha convertido en el distrito industrial de confecciones del mundo, existe un ejército de inspectores llegando desde todos los puntos de la tierra. Cabe recordar que por lo menos una prenda de vestir de cada diez lleva la etiqueta Made in China.

Entonces, si la mayoría de las grandes empresas de moda en el mundo pasó a desarrollar sus productos en estudios creativos de Europa y a manufacturarlos externamente, es necesario que haya alguien en la confección de los pedidos. Como regla general, este profesional con conocimiento específico y claramente conocedor de la marca que representa lleva a cabo la tarea de inspeccionar las especificaciones, calidad, tamaño, materiales, procesos y responsabilidad social de sus asociados.

La queja del momento proviene del hecho de que el gobierno chino redujo el número de visados de negocios para compensar contra el número de visados de atletas y turistas. Además, los inspectores que antes recibían un visado con derecho a entradas múltiples se quejan por la reducción del período permitido para su estadía a causa de la proximidad del comienzo de las Olimpíadas.

El gobierno chino contesta las acusaciones y justifica el endurecimiento de las reglas a medidas de seguridad, dado que existe una enorme desconfianza de que se produzcan atentados terroristas o alguna tragedia durante las semanas en que el mundo tendrá la vista enfocada en el dragón oriental.

Pero considerando que el calendario de la cadena textil es singular y siempre bajo presión cuando está en sintonía con las calles, se prevé que llegue al mercado minorista una gran cantidad de prendas por debajo de las especificaciones, o incluso una significativa devolución de entregas.

En la mejor de las hipótesis, esto significa un enfriamiento en la relación entre los socios (proveedores y compradores), hecho considerado gravísimo en la cultura de negocios china. En el peor de los casos, es posible un desabastecimiento de ropa y calzado en la estación que se aproxima: el invierno para el hemisferio norte, donde la indumentaria todavía conserva una gran motivación de uso relacionada con la protección del cuerpo. Y además, está el período de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

El empresariado ya está tomando medidas, previendo que el levantamiento de las medidas tomadas para la concesión de visados tendría lugar después de septiembre, demasiado tarde para la producción y el transporte de productos por vía marítima.

Ante esto, diversas empresas están buscando proveedores alternativos en Vietnam y Bangladesh. Además de la relativa facilidad de entrada y salida de inspectores, estos países ofrecen actualmente costos más bajos que China. Resta saber si las empresas volverán a China una vez finalizados los juegos, en la medida en que se sienten perjudicadas y maltratadas por el gobierno chino.

Lo único que se sabe es que ya había cierto prejuicio global por la estrategia de concentrar la "fábrica del mundo" en un único país, con el poder de fuego que posee en términos poblacionales, una historia reciente de fanatismo político, rigurosas reglas para el arraigo de inversiones extranjeras y el hecho de que China no posea un régimen democrático, ni tienda hacia éste.

Hasta se desconfía de que la ausencia de los inspectores en el país durante tres meses estimule el surgimiento de infinitas oportunidades de fabricar productos piratas con insumos legítimos. En realidad, este es el mayor miedo de las grandes marcas de lujo, en virtud de que la clase emergente china es fanática de las logomarcas occidentales.

Unido a todo esto, está el hecho de que otras industrias como las de objetos, muebles o provisiones, trabajan con productos que tienen un ciclo de vida más largo, y los pedidos e inspecciones pueden ser realizados por Internet. Para las empresas latinoamericanas, es bueno recordar que los productos rechazados en Europa serán encaminados y desembarcados en algún otro lugar del mundo.

Existe incluso la posibilidad de que éstos sean ofrecidos en América Latina con precios irresistibles. Falta saber si el consumidor aceptará estos "rezagos" satisfactoriamente. Para quien sueña con la renovación del guardarropa sin gastar mucho, es mejor apostar a los productores locales.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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